Nos esforzamos en controlarlo todo y a la vez, lo que podría ser una virtud, se convierte en nuestra propia limitación. El fútbol es inabarcable e incontrolable, asumámoslo más pronto que tarde. Trabajar para manejar lo controlable, sí; pretender operar sobre lo incontrolable, no.
Como dice Lillo en la cabecera del post, cuando la pelota se pone en marcha y los jugadores empiezan a “bailar”, todo se vuelve difícil de predecir, ahí son ellos los que mandan y cuanto más preparados estén, mejor se podrán desenvolver.
Por Iván Rivilla.
Robots manejados por control remoto. La esencia del fútbol es precisamente la ausencia de este control remoto.
Por tanto, asumámoslo cuanto antes, por el momento (por suerte, claro está) no podemos controlar a los jugadores como si de un joystick se tratase (esperemos que la ciencia tarde mucho tiempo en poder hacerlo, porque como decíamos antes, la esencia del juego se perdería). Todo ello, nos lleva a un escenario en el que obligatoriamente debemos dar alas a nuestros jugadores. Debemos potenciar en ellos una autonomía e independencia importante sobre sus juicios en base a lo que ocurra en el juego.
La parcela del entrenador, por tanto, trascendental sobre todo en el entrenamiento diario consiste en ir proporcionándoles situaciones que en el partido le evoquen a lo anteriormente trabajando. De esa forma, el jugador dentro de su importante grado de autonomía tendrá ideas sobre cómo actuar antes tales problemas. Cómo corregir u orientar los comportamientos en el partido sobre algo que no hemos trabajado.
Sería un importante error que el entrenador intente gobernar todo el juego, intente hacerlo previsible, intente reducir la incertidumbre sobre lo que ocurrirá, porque eso por la propia dinámica del juego será imposible que ocurra.
Decía Pep Guardiola que lo que más le estimulaba y motivaba de su labor como entrenador era “poder predecir lo que va a suceder el día del partido” ya que, a él como jugador, le aterraba no saber lo que iba a suceder.
Bien, no sé hasta qué punto es posible. Lo que seguro sí que es probable es que a medida que nos aproximemos más a las características del juego, el jugador tendrá más certezas sobre cómo actuar en base al ideario de juego propuesto. Si somos capaces de generar esa convicción sobre los comportamientos a desarrollar en función de cada acontecimiento, ya habremos recorrido un buen camino.
El preparador Julio Garganta lo simplificaba de forma excepcional: “Los errores son desvíos que son parte integrante, y hasta estructurante, del aprendizaje”.
Ya lo decía Albert Einstein: “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás, es la única”
Para terminar dejamos una serie de Tips (Lago 2020) que nos van a ayudar a manejar de forma adecuada la gestión de los errores: